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    Una de las tácticas del marketing digital que más recelo me levantan, es la de las comunidades cebo. Han proliferado a lo largo de los años, pues es una forma de transmitir una imagen corporativa de calidad, crear un canal directo de comunicación, ofrecer valor añadido, trabajar el branding y transmitir valor.

    Hay muchos ejemplos, empresas del sector de la alimentación monta una comunidad que proporciona consejos nutricionales o recetas. Un banco trabaja su imagen creando una comunidad de proyectos culturales para jóvenes (esta es especialmente complicada de entender, porque es complicado apoyar causas sociales y desahuciar familias al mismo tiempo), una entidad privada trabaja en cooperación para el desarrollo de zonas desfavorecidas, etc. 

    Todo bien si el usuario elige o no su pertenencia en función de sus intereses y bajo una relación de transparencia . El problema se plantea cuando… todo es mentira. Sé que así expresado os parecerá una obviedad, pero sucede que a veces existen auténticos profesionales de la mentira. Supuestos gurúes que crean una comunidad y detrás de la misma no hay un plan estratégico, no hay valor añadido, no hay alma en el proyecto, no hay constancia, no hay respeto por sus integrantes, no hay transparencia y sobre todo, no hay verdad. Recuerdo que hace años nos visitó a la empresa en la que trabajaba un asesor de marketing,que luego resultó ser un estafador. Quería poner en marcha una comunidad online con el único objetivo de vender. Detrás de eso, solo había humo.

    Otro ejemplo: una vez que me llegó una invitación para una comunidad de escritores, donde en teoría compartías escritos, intercambiabas información de interés, libros de referencia, etc. Cuando me inscribí, comenzaron a llegarme newsletter de cursos de escritura y servicios de corrección de textos que vendían ellos mismos. Algo muy parecido me sucedió luego con una comunidad de Community Manager. Me ofrecían progreso en mis conocimientos y luego se trataba de una agencia camuflada de marketing digital. No hombre, no. En el ámbito digital las reglas tienen que quedar claras. La relación entre los usuarios y la comunidad deben estar definida de antemano y basarse en un concepto muy claro: la confianza. Si vas a ofrecer valor añadido al usuario, debes adquirir un compromiso corporativo y realizarlo con la máxima convicción.

    No hay que confundirse. Vender es un acto legítimo y un objetivo primordial para la supervivencia de una empresa. Si es uno de tus objetivos, díselo al usuario y ofrécele el mejor servicio posible. Lo agradecerá y tendrás a cambio una comunidad real, no ficticia.

    Si vas a crear una comunidad online, trabaja una estrategia real, piensa verdaderamente en la experiencia de usuario e introduce tus productos de una forma natural, en paralelo al valor añadido que ofreces al usuario y con la misma dedicación. En definitiva, no tergiverses el sentido de la comunidad. Si no, el usuario terminará, cuanto menos, frustrado. Mentir al usuario funcionará unos meses, pero nunca construirás algo sólido. Mentirle es, en definitiva, mentirte a ti mismo.

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      Escritor y Social Media Manager. Ha escrito el libro Yo, precario (Libros del Lince 2013), Juan sin miedo (Alkibla 2015), Hijos del Sur (Tierra de Nadie 2016) y SOS (2018). Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, creó La Réplica, periodismo incómodo.